Las recientes subas en el precio del dólar paralelo se deben al aumento de la incertidumbre y no al terrorismo económico. Como pasa con cualquier bien, la cotización de la divisa surge de la oferta y la demanda. Pero en el caso del dólar hay elementos adicionales a los de cualquier mercado. En primer lugar, el exceso de emisión de dinero también afecta al dólar. Las interferencias oficiales introducen distorsiones en la cotización. Pero como la oferta legal no es suficiente hay un mercado paralelo, pero también deficiente. El cepo cambiario afecta el precio, por las restricciones a la oferta y las prevenciones de la demanda.
De todos modos, para ver con más cuidado el blue debe considerarse que el dólar es una póliza de seguros. Puede ser que en corto o mediano plazo no cubra de la inflación, pero es común que se lo busque más bien como cobertura ante una crisis futura. Por ello, ante mayor incertidumbre, mayor demanda. En estos días se observó la coincidencia entre picos en el precio del dólar blue y los comicios en la ciudad de Buenos Aires. Puede interpretarse que, si bien el desempeño del ganador fue muy bueno, ante la expectativa, el resultado fue tomado como malo y eso hizo dudar sobre el cambio de tendencia en el gobierno nacional a partir de diciembre.
En general puede decirse que mientras el resultado de las elecciones de octubre no esté claro, la cotización del dólar blue seguirá en alza, si bien siempre con altibajos, como en un serrucho. Será el resultado del legítimo intento de los ciudadanos de proteger su patrimonio y no de una conspiración. Si el gobierno pretendiera aplicar la nueva doctrina de inteligencia nacional para atacar las subas sólo empeoraría la situación: habría más restricciones a la oferta, o sea mayor escasez y por ello mayor precio.
Pero sería aventurado prever algo sobre el precio futuro poscomicios. Sí puede decirse que, no importa el ganador, hay condiciones que alcanzan a todos. Una es el atraso cambiario. Otra, que las importaciones deberán liberarse para cumplir con lo resuelto en el seno de la Organización Mundial de Comercio, lo que significa más demanda por dólares. Si lo que se pretende es que el precio del dólar no realimenta expectativas negativas ni afecte el salario real hay al menos dos caminos. Uno es reducir la inflación, para dejar el atraso cambiario y bajar la presión por devaluación. Para eso se precisa una política monetaria seria que ataque los desequilibrios fiscales. El otro es dejar de trabar las exportaciones para que haya más oferta de divisas, lo que permitirá atender mejor la demanda por importaciones.